De la mano de Toys for Bob, Crash Bandicoot vuelve a la escena del gaming con un nuevo juego que supera cualquier expectativa en todos sus apartados. | Por Gabriel Santillán (@ProfesorRolfi)

Luego de una increíble remake de la trilogía inicial de Crash Bandicoot, Toys for Bob tenía la difícil tarea de crear una secuela que nos demuestre que el marsupial, que supo brillar de la mano de Naughty Dog, estaba para más y que no es una simple mascota de éxito efímero. Este personaje supo convertirse en la mascota de PlayStation con su primer juego en 1996, y en base a su calidad y la de sus dos primeras secuelas, supo convertirse en un referente en cuanto a plataformeros tridimensionales de scroll lateral y en profundidad. Sin embargo, luego de un gran videojuego de kartings, Naughty Dog dejó de hacerse cargo del desarrollo de la franquicia (por previos problemas con Universal Interactive Studios) y sus entregas posteriores cayeron en la mediocridad y decadencia. Pero desde el lanzamiento de N. Sane Trilogy que había olor a secuela, y finalmente, luego de una demo, llegó Crash Bandicoot 4: It’s About Time, una continuación directa de Crash Bandicoot 3: Warped ignorando aquellos juegos que salieron por fuera de la primera PlayStation.

Para darle un poco de contexto a esta review debo confesarme un fiel seguidor de Crash; sin embargo, esto no hace que mi mirada se vea empañada por la nostalgia, sino que por lo contrario, me hace aún más crítico del juego. Porque si hay una nueva entrega del bandicoot, que tuvo su pico máximo de popularidad en la primera consola de Sony, seré, por lo menos, muy exigente.

Esta nueva entrega nos permite jugar la campaña poniéndonos en la piel de Crash o Coco según lo elijamos, y si bien ambos tienen la misma variedad de movimientos, es una gran decisión darnos lugar a elegir a un personaje que ha sido relegado a un puñado de niveles durante varios juegos. Pero no son los únicos personajes que manejaremos durante toda la campaña, sino que a estos se le suman tres más que aportan diversidad al gameplay. Dingodile, portador de un arma que nos hará aspirar cajas y lanzarlas; Neo Cortex, que compensa su corta capacidad de salto con el poder de dashear y convertir en plataformas a nuestros enemigos, ya sea petrificándolos o gelatinizándolos; y por último está Tawna, que alejada de su rol de damisela en peligro del primer juego de Crash, se nos presenta como una aventurera que se hace valer por sí misma, y con la cual podemos establecer una comparación directa con Lara Croft. Armada con un grappling hook que usa para alcanzar cajas, derrotar enemigos y avanzar por los distintos niveles, este personaje reafirma los dichos del estudio de darle más protagonismo femenino a la saga.

El objetivo Crash y Coco es el de cerrar las grietas interdimensionales queUka Uka ha abierto con el fin de escapar, junto con Neo Cortex y N. Tropy, del lugar donde quedaron atrapados desde los sucesos de Crash Bandicoot 3: Warped. Pero para eso necesitan la ayuda de las cuatro máscaras cuánticas: Lani-Loli, la cual nos permitirá volver tangible o intangibles algunos objetos; Akano, la máscara que le otorgará a nuestro protagonista la capacidad de girar de forma constante y suspenderse por breve lapso de tiempo en el aire; Ika Ika, nos da el poder de modificar la gravedad; y Kupuna-Wa, con la cual podemos detener el tiempo. Estos agregados a las mecánicas se suman a otras que no estaban incluídas en las precuelas, como son el poder correr por las paredes o balancearse en sogas. El cóctel que logra el gran abanico de movimientos con la precisión requerida para las plataformas, son la causa por la cual Crash Bandicoot 4: It’s About Time mantiene en su ADN su alta dificultad, aunque en ningún momento se siente injusto gracias a la precisión de su control. Además, está marcada por una curva de dificultad razonable, ya que nos dará lugar a familiarizarnos con su jugabilidad a medida que va haciéndose más difícil de forma paulatina, llegando finalmente a un punto máximo, pero lógico, hacia el cierre del juego. De igual forma, esta cuarta entrega les abre las puertas a aquellos que no son muy habilidosos con el joystick, brindándoles las herramientas para que su experiencia sea igualmente placentera. Estos elementos que modifican el juego según la destreza del usuario se dan tanto a elección, como la inclusión de un modo ”moderno”, el cual adopta la modalidad de Super Mario Odyssey, eliminando el concepto de vidas y quitándonos Wumpas (frutas del juego) cuando perdemos, o de forma automática, agregando puntos de checkpoint o regalándonos una máscara Aku Aku que nos otorgará invulnerabilidad hasta el primer daño que recibamos.

Habiendo pasado veintidós años desde el lanzamiento de la tercera entrega y tres desde la salida de la remake de la trilogía original, era lógico esperar una mejora gráfica. Pero Crash Bandicoot 4: It’s About Time supera cualquier expectativa que podía haber sobre su apartado estético. Cada dimensión que atravesamos tiene su propio imaginario encantador acompañado de su paleta de colores, que junto con el nuevo diseño de los personajes -particularmente los de Crash y Coco no me convencieron- logran un resultado magnífico y lleno de detalles. A esto se le suma un gran trabajo en el apartado sonoro, algo con lo que la saga ya nos tiene acostumbrados. Todos los escenarios están llenos de detalles, tienen su propio atractivo y lograron dejarme impaciente por ver con que me toparía en el siguiente. Y desde mi perspectiva, el enfrentamiento contra N. Gin y el nivel “fuera de ritmo” son el clímax sensorial que este videojuego tiene para brindarnos. Lamentablemente, no pude disfrutar de la misma forma las cinemáticas ya que sufrían caídas de frames, mientras corría el juego en Xbox One S.

Quizás, el punto más cuestionable son algunos niveles que deberemos transitar en la piel de Tawna, Dingodile y Cortex, en los cuales somos partícipes de lo que sucedía en paralelo a lo jugado en otro momento de la campaña con Crash. El problema aparece cuando estos caminos se intersecan, debiendo continuar con el marsupial en un nivel ya jugado anteriormente pero con mínimos cambios, queriendo generar la sensación de un mundo vivo, pero termina pareciendo contenido de relleno. En contraposición, si hay algo que Crash Bandicoot 4: It’s About Time tiene de sobra es contenido de calidad y en demasía, dándole al usuario un videojuego con un alto nivel de rejugabilidad compuesto por los clásicos time trial, niveles extra con los personajes secundarios como protagonistas y algunos escenarios jugables ambientados en 1996 en los laboratorios de Neo Cortex, situación en la que debemos superar las pruebas que nuestro enemigo preparaba para entrenar a Crash. A esto se le suma la posibilidad de recoger gemas que podrán ser canjeadas por skins fantásticamente diseñados y, en caso de agarrar todas las correspondientes a un mismo nivel, se nos habilitará la opción de repetirlo pero con sus colores alterados y su escenario espejado.

Si bien esta saga nace bajo la filosofía de PlayStation y adopta la dificultad como una de sus características, esta entrega no se olvida que es un juego familiar y es adornado con una gran historia, algo de humor y dos modos con multiplayer local de hasta cuatro jugadores. Uno nos permite ir pasándonos el joystick de mano en mano en cada checkpoint o muerte, dándonos la posibilidad de pasar la historia principal de forma cooperativa. En cambio, en la otra modalidad, nos mediremos contra nuestros acompañantes por ver quien pasa un nivel en el menor tiempo o quien hace la mayor cantidad de puntos agarrando cajas. Vale aclarar, no es a pantalla dividida, sino que cada uno tendrá su turno de atravesar el escenario

Desde el anuncio de esta secuela todos tuvimos las mismas dudas, ¿estará a la altura de la saga?¿Tendrá cambios significativos?¿Podrá Toys for Bob con el peso de uno de los personajes más icónicos del gaming? La respuesta a todo esto es sí, Crash Bandicoot 4: It’s About Time eleva su propia vara y vuelve a poner en primer plano esta franquicia que tanta satisfacción nos ha dado. Sin pecar del abuso de fan service (aunque hay algunos easter eggs), este juego propone encandilar a los más nostálgicos y a su vez abrirle las puertas a aquellas generaciones que no tuvieron la oportunidad de vivir la era dorada del marsupial. Esta entrega es una apuesta segura tanto para los jugadores como para el estudio, por lo que no será raro que pronto se pueda acceder a él en Nintendo Switch y en PC, y que empecemos a ver más seguido nuevas entregas de Crash en nuestro catálogo.

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